Más allá del entretenimiento, proyectar nuestras historias en la gran pantalla es hoy la principal línea de defensa cultural del país. Frente a un mercado globalizado, hacer cine en Ecuador se ha transformado en un auténtico acto de resistencia, impulsado por la necesidad de superar barreras históricas como las limitaciones de financiamiento, la apatía del mercado local y la evidente escasez de espacios dignos para la difusión del audiovisual ecuatoriano.
El cine en Ecuador ha trascendido su rol tradicional de simplemente entretener, para convertirse en un
espejo vital de la realidad social y cultural. Cada obra ecuatoriana que llega a la pantalla representa un
triunfo del espíritu creativo y una defensa prominente de la identidad local y de aquello que rodea a la
sociedad ecuatoriana, que, aunque cueste hablar de ello, es necesario representarlo y que mejor, que a
través del cine.
Es así que las narrativas propias actúan como herramientas de preservación, asegurando
que las historias, problemáticas y aspiraciones de la sociedad dialoguen de frente con el espectador.
Títulos emblemáticos que van desde la defensa de la identidad y la lengua originaria en “Killa” de Alberto
Muenala, pasando por la crudeza urbana de “Ratas, Ratones, Rateros” de Sebastian Cordero y la
comedia romántica “Solo es una Más” de Viviana Cordero, demuestran que el cine es flexible, pero,
además, es un archivo que protege nuestra identidad y memoria.
Es por ello que, a través de iniciativas de fomento cultural en Quito, TURICINE organiza uno de los
festivales de cine ecuatoriano más importantes, siendo este el símbolo de la resistencia y resiliencia del
cine local que busca transformar la percepción de la industria, garantizando que el esfuerzo de los
realizadores no se diluya, sino que encuentre plataformas sostenibles para conectar con su audiencia.
"Hacer cine en nuestro país siempre ha requerido de un gran esfuerzo, asi como valentía para arriesgarse a contar historias que otros no quieren ver o escuchar.", señala Felipe Egas Acosta, presidente y director de TURICINE. "Hoy buscamos que nuestras películas dejen de ser vistas como esfuerzos aislados y sean reconocidas como lo que realmente son: un símbolo de resistencia y resiliencia. Cada historia que proyectamos y cada pantalla que encendemos es un acto de defensa de nuestra cultura y de nuestras voces".
Al promover el encuentro activo entre los diversos actores del sector, la organización establece una red
de apoyo indispensable para que el ecosistema cinematográfico ecuatoriano continúe adaptándose,
resistiendo y, sobre todo, proyectándose hacia el futuro.
