Crítica de “Star Wars: Los últimos Jedi”

Todos aquellos que anhelaban explicaciones prolijas sobre los orígenes de Rey o de Snoke se sentirán profundamente decepcionados. “Star Wars: Los últimos Jedi” es demasiado sencilla y no hay sitio para las teorías rebuscadas.


Dos largos años en espera de respuestas. Tras las múltiples incógnitas que se abrieron en “Star Wars: El despertar de la Fuerza”, éramos muchos los que aguardábamos a que “Star Wars: Los últimos Jedi” resolviera no pocos enigmas de su historia.

Pues bien, lo hace, pero de una forma no precisamente satisfactoria. El Episodio VIII banaliza las ideas y los personajes de su antecesora. Si en ésta se nos presentaba a nuevos héroes y villanos de interesante pero enigmático pasado, aquí se opta por simplificarlo todo y se huye de los retratos complejos.

Todos aquellos que anhelaban explicaciones prolijas sobre los orígenes de Rey o de Snoke se sentirán profundamente decepcionados. “Star Wars: Los últimos Jedi” es demasiado sencilla y no hay sitio para las teorías rebuscadas.

El filme arranca con una batalla espacial en la que también nos percatamos de lo mucho que se ha incrementado el humor con respecto a “Star Wars: El despertar de la Fuerza”. Aunque su comicidad no me entusiasmó (a Hux me remito), tampoco considero que sea algo que haga que la película sea peor.

A continuación observamos cómo se desarrolla el encuentro entre Luke y Rey, al tiempo que asistimos a una interminable persecución. Así, la Primera Orden está a punto de dar caza al navío principal de la Resistencia, que se está quedando sin combustible.

Y no hay más, en esto consiste “Star Wars: Los últimos Jedi”. Peleas espaciales y alguna que otra física, conversaciones entre Luke y Rey y, sobre todo, una eterna huida. Ah, en medio Finn y Rose se embarcan en una absurda misión que los lleva ante uno de esos parajes que, cómo no, pretende emular la ambientación de la cantina de “Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza”.

Su periplo resulta prescindible e incluso a ratos parece sacado de una película de “Harry Potter” (algo que casi parece alentar la música de John Williams).

Pero lo bueno de “Star Wars: Los últimos Jedi” es que, a pesar de su desmedida duración y de lo sencillo que hubiera sido suprimir varios de sus pasajes, no se hace pesada. Reconozco que me lo pasé bastante bien viéndola, aunque para ello tuviera que pasar por alto algunos de sus evidentes fallos (empezando por la debilidad de su trama).


Hay momentos en los que la cinta esboza cuestiones de interés, caso de la temática del tráfico de armas, pero se queda en eso, en un mero apunte.

Personajes y reparto de “Star Wars: Los últimos Jedi”

Aunque no esté de acuerdo con la personalidad del Luke que nos topamos en esta película, nadie puede poner en duda la profesionalidad de Mark Hamill a la hora de encarnar a este mítico Jedi.

Lo que sí me gustó es comprobar que Leia (Carrie Fisher) dispone de más minutos en pantalla de lo que esperaba.

Daisy Ridley no luce tanto aquí como en “Star Wars: El despertar de la Fuerza”, siendo el culpable de ello el director y guionista Rian Johnson (cuya puesta en escena no me pareció nada del otro mundo; de hecho, soy incapaz de mencionar un fragmento del filme que me parezca memorable).

Adam Driver no lo tiene fácil a la hora de encarnar a un Kylo Ren que no cesa de comportarse a golpe de bandazos. Por su parte, Finn (John Boyega) está bastante mejor dormidito y recuperándose de sus heridas. Y es que sus aventuras no son lo más destacado del filme.

Aparte del impetuoso Poe Dameron (Oscar Isaac), también hacen acto de presencia Snoke, Maz Kanata y Phasma. Eso sí, sorprende su escasa relevancia en la historia. Por el contrario, Hux (Domhnall Gleeson) y sus ademanes totalitarios cuentan con bastantes minutos del metraje.

De las nuevas incorporaciones me quedo con Laura Dern, resultándome menos interesante el personaje de Benicio Del Toro o el de Kelly Marie Tran.